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SONORA  

Robinson-Bours en picada

Álvaro Cepeda Neri
Los cuatro cirios de su agonía sexenal.

 

 


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Fiesta en Banamichi, donde monta en cólera porque sus anfitriones lo celebran con cuatro velas sobre el postre. Bours que no come ni harinas, ni dulce, puro pescado, aunque va a los comederos de carne y pide pollo, vuela a Cajeme. Unas cervezas con su grupo y finalmente los de Ciudad Obregón son los ganones: en cargos, en privilegios, en el botín de Impulsor, en el Plan Sonora Proyecta, en el reparto de los más de 10 mil millones de pesos de nueva deuda para dejar sin dinero a cuado menos cuatro sexenios. Y de Guaymas a Puerto Peñasco (incluido el paraíso para jubilados estadounidenses en Pitiquito), venta de terrenos y corredor para el “lavado” del narcotráfico en beneficio de la narcopolítica.

Luego “El Chapo” Bours la emprende para el Quiriego, su hacienda, para descansar y de regreso se le ocurre lo de las cuatro costillas rotas: golpe mediático, pues anuncian la cancelación de su presencia para la noche del 15 de septiembre. Lo arrastró una vaquilla, cuando ensayaba, al estilo del viejo oeste, pescarla con la reata. Bours no se había caído de un caballo. Pero anuncian que Ernesto Gándara (cuyo tío Javier Gándara Magaña busca, por enésima vez, la candidatura para gobernador sobre el imperio de los molinos de harina de sus cuñados) lo suplirá en El Grito. Y a la mera hora, las vísperas de la media noche, decide Bours ir al balcón del viejo Palacio, frente a la catedral hermosillense.

Ya por toda la entidad, a los que puede obligar, mujeres con blusas rojas y los hombres con camisa roja. FALTA EL VERBO Ni en Tabasco cuando Garrido Canabal. Mientras Bours usa ropa interior roja: su trusa sobre el fondo blanco lechoso de su piel que enrojece cuando la ira lo enciende o se pone nervioso. FALTAN LOS VERBOS  Rojísimo cuando se encabrona; cuando insulta a sus empleados sin miramientos; cuando les grita a sus cuates que tiene prendidos a la ubre presupuestal. Enfurece cuando alguien toca el tema de su familia: su esposa, la hermana de los Laborín Gómez. Uno, Jorge, ingeniero, hasta el cuello en el fideicomiso Impulsar. Y el otro, Mario, todavía en Nafin, exterminador del Banco de Comercio Exterior y con una concesión bancaria donde los Robinson-Bours serán los capitalistas principales del por llamarse Banco de Monterrey.

En la cabecera de Cajeme, un día se les ocurrió, durante el trienio de la presidencia municipal de Ricardo Robinson-Bours, actualmente el vicegobernador, que a una colonia de pobres –para quedar bien con el entonces aspirante Eduardo a la gubernatura– querían ponerle el nombre de la esposa de “El Chapo Bours”. Éste lo prohibió. Ricardo, mientras tanto, había quebrado las finanzas municipales y el entonces gobernador mete las manos para salvarlo. Entonces el (des)gobernador que ya va en picada, tras su cuarto año, decreta que ningún nombre de sus familiares puede ser usado, ¡y menos en donde viven los pobres!

Así llega el 13 de octubre. Es la mañana de ese sábado. Va al Congreso con sus diputados del PRI, PRD, PAN y PT, a los que a veces convence (“Poderoso caballero es don dinero”) para que aprueben lo que le conviene a Bours. Entrega su cuarto informe. Se va con su séquito a la explanada del centro gubernamental y se pone a leer un discurso por más de una ahora. El auditorio son sus invitados. Lo escuchan sin ponerle atención. Están los empresarios que han devastado a la entidad. Entre otros los del botín de Impulsar, los integrantes de un comité técnico, que encabezan Ricardo Robinson-Bours, Díaz Braum y Ricardo Mazón Lizárraga, Jorge Laborín Gómez, La sobrina Ana Lourdes Castelo López Arias...

La voz seca, enronquecida, de timbre parecido a Roberto Madrazo (el tramposo de Berlín). Una voz de El Padrino. Robinson-Bours les receta su perorata. Se muestra como un mártir del desarrollo. Convoca a la unidad ante la ausencia de los diputados locales y federales del PAN que le tienen una controversia, una queja por el abuso de la deuda. Presume de haber creado 120 mil empleos. Cacaraquea lo de las inversiones. Se calla lo de los pollos Bachoco con relleno de cocaína. El narcotráfico. Los feminicidios. Los 180 emigrantes asesinados en Altar. Lo de la caravana de narcotraficantes que mataron policías. Nada dice de Abel Murrieta, el compadre-operador de Ricardo Robinson-Bours en la Procuraduría de Justicia. Nada dice de las fiestas y encerronas donde no pocos de los asistentes salen del clóset y dan rienda suelta a sus perversiones sexuales.

Cuatro cirios anuncian el final del sexenio. Se encamina Bours al quinto año. A la salida lo esperan sus enemigos, a los que ofendió; viene el desquite a su despotismo, a su soberbia. Lo bajarán del ladrillo, desaparecerán las camisas, las blusas, las pantaletas, las trusas, todo en rojo, el color que le aconsejó su asesor estadunidense-canadiense. El rojo es energía y Bours enrojece. Ha pintado de rojo a la entidad. Se comunica con Germán Larrea: lo de Cananea no se resuelve. Sigue su tirantez con Ricardo Acedo Samaniego, el secretario general del STIR, el mismo de Hermosillo que quiere una diputación federal por Sonora.

Cuatro cirios, el cuarto informe. Cuentan que ya paró en seco a Ernesto Gándara, quien con cabeza gacha, aguantando el chaparrón, no deja de subirse al tren de los aspirantes. Es alcalde de Hermosillo, exsecretario de Turismo y exsecretario particular de Bours. Y a punto de nombrarlo en un cargo, previa licencia al Senado, Alfonso Elías Serrano, el marcado como favorito de “El Chapo Bours”. Quién por los cafés de la capital del país se resiste a irse. Como que huele que con todo y que sea el delfín no llegaría ni a precandidato. El “Guati”, exconcesionario de la Pepsi, emigrado a Tucson porque se decía perseguido, está fuera de la competencia. Bours no lo quiere. En cambio, los dos de Guaymas: Astiazarán Gutiérrez, presidente municipal del puerto, apoyado por el dueño de Guaymas, poderoso con su flota pesquera de camarón y dueño del periódico El Expreso, quiere la candidatura, junto con Carlos Ernesto Zatarain González, diputado federal. La quiere hasta Guillermo Hopkins Gámez, exsecretario de Hacienda con Bours y al que éste despidió cuando ya no le fue útil. Todos, claro, por el PRI de Bours.

Se va Bours, pues, y los diputados locales del PAN, del PRD, PT, aprobaron la Reforma Electoral, mientras los priistas de Robinson-Bours votaron en contra. El Chapo Bours ya no quiso maniobrar o ya no pudo. En el comedero de carne “Xochimilco”, es más de medio día. Está Robinson-Bours con su pandilla. De pronto se pone rojo, aprieta las mandíbulas, se le cuelgan más las ojeras (¿una liposucción?) y se para como impulsado por un resorte. Se va sin despedirse. Vio a quien no quiere ver. Los demás comensales cuchichean. Se ríen. Bours vio el futuro, mientras el presente son cuatro años, cuatro cirios: la muerte política. Ya a lo mejor vio al diablo.

 

Publicado: Noviembre 2007 Año 1 Número 9



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